Ellos son los peones del petrismo que llaman al caos el próximo 7 de agosto en Cali por la posesión de Abelardo de la Espriella
Arrinconados por la pérdida del poder y arrasados por los escándalos de corrupción que aceleraron su caída, los líderes del Pacto Histórico en el Valle del Cauca han declarado una ofensiva total. Lejos de mostrar la más mínima decencia institucional, la izquierda decidió boicotear la transmisión de mando y declararle la guerra política al nuevo presidente electo, Abelardo de la Espriella, cuya posesión se realizará en Cali.
Esta pataleta callejera no es más que un desesperado intento por ocultar la cruda realidad: el Pacto Histórico llega destrozado, moral y políticamente quebrado. Pagan caro su aplastante derrota presidencial, los vergonzosos chats clientelares de Juliana Guerrero, el rotundo fracaso de su ficticia “Paz Total” y el sectarismo rabioso de una dirigencia que espantó hasta a sus posibles aliados de centro.
Sin Presidencia de la República y convertidos en malabaristas legislativos para no desaparecer, los congresistas vallecaucanos —Ocampo, Erazo, Mondragón y Arias— lo apuestan todo al 7 de agosto. Para ellos no se trata de una ceremonia de posesión. Es su última carta desesperada para evitar que su fracasado proyecto político se hunda definitivamente en el abismo.


